Cicatrices

Cada vez que nos exponemos a un accidente o a una cirugía deberemos aceptar la presencia de cicatrices. La vida actual nos exige obtener el mejor aspecto posible en ellas. En ocasiones, el trauma sufrido puede ser un proceso tan complejo y severo, que las heridas no serán manejadas inicialmente en la forma que se quisiera ya que es mandatorio, en ese momento, el soporte de la vida. Lo anterior, resultará en problemas secuelares en la zona afectada que será necesario reparar cuando la situación general del paciente ya se ha estabilizado.

En otras oportunidades, las infecciones complican heridas manejadas adecuadamente en forma inicial, produciendo que la cicatriz resultante no sea la esperada. También son causas de lesiones de este tipo las mordeduras de araña, mordeduras de perro o infecciones graves como la meningococcemia o la varicela.

Las cicatrices pueden producir alteraciones de la función o de la estética, ambos son importantes. Si el proceso de reparación se aleja de la normalidad puede dar resultado a 3 problemas indeseados: Cicatriz atrófica (hundimiento), cicatriz hipertrófica (dura, levantada, dolorosa) o queloide (aumento de volumen exagerado en forma de mamelones).

Manejo de las cicatrices

Lo importante es evitar la aparición de estas cicatrices patológicas que ya explicamos, por lo que la rehabilitación la comienzo habitualmente a las 2-3 semanas del accidente (o cirugía).

Si ya se estableció un proceso alterado en la cicatrización, pasamos a la etapa de tratamiento: Existen muchas modalidades pero ninguna de ellas, desgraciadamente, es 100 % exitosa. Por eso, para lograr un mejor resultado, es necesario diseñar una estrategia terapéutica para cada paciente en particular.

Generalmente comenzamos con protección solar y sistemas de compresión (las tenemos agrupadas en los de primera, segunda y tercera línea según el grado de severidad de la lesión).

Concomitantemente, si está indicado, empleamos ultrasonido, laser, infiltración de corticoides, o cirugías.

Prueba de máscara facial compresiva en paciente 12 años.

La terapia láser en aplicar cierta luz que va a actuar en forma dirigida sobre ciertas estructuras específicas de la piel, deteniendo su alteración. Si bien existen algunos que pueden actuar sobre cicatrices antiguas, son muy agresivos por lo que sólo aplicamos Nd YAG o luz pulsada en cicatrices activas ya que tiene buen resultado y bajo riesgo de complicaciones. Es necesario realizar varias sesiones y siempre es complementario a las otras medidas habituales.

Queloide infiltrado con triamcinolona.

La infiltración de corticoides es una buena opción en aquellos queloides muy sintomáticos (picazón o dolor) ya que este medicamento ayuda a disminuir los síntomas. También lo usamos en queloides pequeños que no se justifica extirpar.

Resultado después de dos sesiones, se nota disminución del volumen, la coloración puede mejorarse con láser y se mantiene con compresión para evitar recurrencia.

Las intervenciones quirúrgicas, en su gran mayoría son ambulatorias y de bajo riesgo (colgajos, zetoplastías, inyección de grasa, implante de pelo, etc.), otras, sin embargo, requerirán de técnicas más complejas como instalación de expansores, por ejemplo.

Infiltración de grasa en cicatriz de cuero cabelludo en preparación para implante de pelo posterior.

Infiltrar grasa en dos aplicaciones: rellenar una depresión o aportar células madres (y varios moduladores bioquímicos), provenientes del tejido adiposo del mismo paciente y que pueden mejorar las condiciones locales de la cicatriz.

Implante de pelo.

El implante de pelo en sacar folículos pilosos de un área con abundancia para llevarlos, uno a uno, a la zona donde quedó alopécico (pelón). Se usa en aquellas cicatrices de tamaño intermedio ya que las chicas se pueden sacar con cirugía y en las muy grandes hay que poner expansores tisulares.